The Surrealism of Belonging/ El Surrealismo de Pertenecer

There is something very special about having surreal real friends; they have the capacity to pull you into their surreal worlds.

Meet Nina Surel, a Miami-based Argentinian artist who owns a gallery known as the collective 62. She introduced me to ‘Women Who run with the Wolves,’ and if you know that book and you’ve read it, I’m sure you remember who lead you in that direction.

nina surel the collective 62 miami florida art

For me spending time at her studio reminds me of my childhood. My mother is a painter and I know having a space like that would have been her dream. In better words, having had the strength and will to peruse building a space like that, letting go of expectations, would have perhaps been her dream.

You see, it takes an awful lot of courage to know when your dreams are leading you on the right direction, specially when your loved ones are at stake.

But going back to Nina’s story this place is a sanctuary: she has the capacity to turn anything into art. My eyes can’t stand still when I’m there. Imagine a wall filled with buttons, ceramics, rocks, paint, antiques, books and every material you could ever dream of.

To celebrate her birthday and the expansion of the space, she put together a group of more than 30 women. I initially knew about seven of them. We all arrived at 10 AM, braided each other’s hair, and dressed in a beautiful vintage gown. We were all wearing exactly the same thing.

As much as I love fashion and the power of expression it gives us, I love how wearing the same thing eliminates a lot of distraction. It makes it easier to pay attention to those things that are not perceivable with your eyes. After having mate, (most of them were Argentinean) we went to the soon-to-be gallery space.

journey of a braid miami florida danie gomez ortigoza

The space we were in, used to be some kind of church, so it has a special energy attached to it. It all started with a very simple circle of women holding hands. Fragments of it were being filmed, so I took a water break.

By the time I came back, the space had fully morphed: there was loud music, and three big squares of clay, that I had noticed Nina had been watering ever since we arrived, had become the focal space.

It was almost impossible to recognize anyone: they were all covered in clay. It was a bit like ‘Sleep no more’, where the public becomes invisible by wearing a white mask, but clay had the opposite effect: it made everything we never see in each other visible.

I timidly kneeled in the circle and started playing with clay as well. I didn’t want to get my pretty dress dirty, so I took it off, (we had been asked to bring a nude cover underneath our clothes), only to see someone swipe the floor with it a bit later, and started familiarizing myself with the material.

I missed the instructions, if there were any, but as soon as all the women, (most of them I had never even spoken to), began to cover my arms in clay, I gave into the ripple effect and did the same. It’s hard to explain what happened in between. It turned into an alternate universe of healing. A sisterhood where everyone had each other’s back.

I guess that’s what happens in events such as Burning Man, although there were absolutely no drugs or alcohol involved in this experience.

I still don’t know what made it so life changing. Perhaps it’s simply because we broke every etiquette rule we had ever been taught: there was no such thing as personal space, we stared at each other, we touched each other, and then we danced as if no one was watching, because actually no one was. The video I posted was taken once it was over.

It felt good.

We pretend to be so civilized all the time, and yet having the space to let go allowing our instinct to rule, instead of our rational is an experience I would recommend to everyone.

In the end, that’s who we really are: this kind of rituals were the norm among communities in the old days when we were less than we are today, knew our neighbors, and built thinner walls between us. That’s why tribes matter, and their specific set of values made a difference, and gave a sense of belonging to something greater.

But we forgot. We chose money and power above human connection. We wear our civilized masks all day guarding ourselves and fearing others, because that’s the norm in a world where walls keep getting thicker and bonds thinner.

But that feeling of letting go is something I will always hold on to.

The experience ended, and we helped each other get rid of the clay.

We were so different to the people we were when we arrived. Something changed: we trusted each other.

Back to our clothes, and back to our civilized ways, but the seed that this experience planted, will remain.

Happy birthday, Nina. May you continue to create, and share your universe with the rest of the world.

I hope this window into her universe motivates you to create your own, and share it with others that are in the same vibration. Maybe we can even change the world a little remembering what our ancestors tried to teach us before we stopped listening.

And if you haven’t read Women Who Run With the Wolves, perhaps your time has come.

 

El Surrealismo de Pertenecer

Hay algo muy especial en tener amigas surrealistas, te jalan a su realidad.

Conoce a Nina Surel, una artista argentina con sede en Miami que tiene una galería conocida como The Collective 62. Ella me presentó a ‘Mujeres que corren con lobos’, y si conoces ese libro y lo has leído, estoy seguro de que recuerdas quien te guía en esa dirección.

Para mí, pasar tiempo en su estudio me recuerda a mi infancia. Mi mamá es pintora y sé que tener un espacio así habría sido su sueño.

En mejores palabras, haber tenido la fuerza y la voluntad de luchar por la construcción de un espacio como ese para ella, dejando ir las expectativas que cargaba, quizás hubiera sido su sueño.

Se necesita mucha valentía para saber cuándo tus sueños te guían en la dirección correcta, especialmente cuando tus seres queridos están en juego.

Pero volviendo a la historia de Nina, este lugar es un santuario: tiene la capacidad de convertir cualquier cosa en arte. Mis ojos no pueden quedarse quietos cuando estoy allí. Imagina una pared llena de botones, cerámica, rocas, pintura, antigüedades, libros y todo el material con el que puedas soñar.

Para celebrar su cumpleaños y la expansión del espacio, reunió a un grupo de más de 30 mujeres. Inicialmente conocía a siete de ellas.

Todas llegamos a las 10 de la mañana, nos trenzamos el pelo y nos vestimos con un hermoso vestido vintage. Todas vestíamos exactamente lo mismo.

journey of a braid miami florida danie gomez ortigoza

Por mucho que ame la moda y el poder de expresión que nos brinda, me encanta cómo usar la misma cosa elimina mucha distracción. Hace que sea más fácil prestar atención a aquellas cosas que no son perceptibles con los ojos. Después de tomar mate, (la mayoría de ellas eran argentinas) fuimos al espacio de la galería en construcción. Solía ser algún tipo de iglesia, por lo que tiene una energía especial.

Todo comenzó con un círculo muy simple de mujeres agarradas de la mano. Se estaban filmando fragmentos de esto, así que tomé un descanso de agua. Cuando regresé, el espacio se había transformado por completo: había música a todo volumen y tres grandes cuadrados de arcilla, que había notado que Nina había estado regando desde que llegamos, se habían convertido en el espacio focal.

Era casi imposible reconocer a nadie. Toda mujer estaba cubierta de barro. Era un poco como “Sleep No More”, donde el público se vuelve invisible usando una máscara blanca, pero en lugar de volverse invisible, la arcilla hizo que todo lo que nunca vemos en la otro fuera visible.

Tímidamente me arrodillé en el círculo y también comencé a jugar con arcilla. No quería ensuciar mi vestido, así que me lo quité (nos pidieron que trajeramos un fondo beige debajo de nuestra ropa), solo para ver a alguien usarla para limpiar el piso un poco más tarde, y comencé a familiarizarme con el material.

No escuché las instrucciones, si es que las hubo, pero tan pronto como todas las mujeres, (la mayoría que no conocía), comenzaron a cubrirme los brazos con arcilla, me di por vencida e hice lo mismo. Es difícil explicar lo que sucedió en el medio. Se convirtió en un universo alterno de curación. Una hermandad donde todas se respaldaban mutuamente.

Supongo que eso es lo que sucede en eventos como Burning Man, aunque no hubo absolutamente ninguna droga o alcohol involucrados en esta experiencia.

Todavía no sé qué hizo que me cambiara tanto mi percepción del mundo. Tal vez sea simplemente porque rompimos todas las reglas de etiqueta que nos habían enseñado: no existía el espacio personal, nos mirábamos, nos tocábamos y luego bailamos como si nadie estuviera mirando, porque en realidad nadie ponía atención. El video que publiqué fue tomado una vez que terminó todo.

Se sintió bien.

Fingimos ser tan civilizados todo el tiempo y, sin embargo, tener el espacio para dejar ir y permitir que nuestro instinto gobierne, en lugar de ser racional, es una experiencia que recomendaría a todos.

Al final, eso es lo que realmente somos: este tipo de rituales era la norma entre las comunidades en los viejos tiempos cuando éramos menos de lo que somos hoy, conocíamos a nuestros vecinos y construíamos muros más delgados entre nosotros. Es por eso que las tribus son importantes, y su esquema de valores mara la diferencia y da la sensación de pertenecer a algo más grande.

Pero lo olvidamos.

Elegimos el dinero y el poder por encima de la conexión humana. Llevamos nuestras máscaras civilizadas todo el día para protegernos y temer a los demás, porque esa es la norma en un mundo donde las paredes se vuelven cada vez más gruesas y los lazos más delgados.

La experiencia terminó y nos ayudamos mutuamente a deshacernos de la arcilla.

Éramos muy diferentes a las personas que éramos cuando llegamos. Algo cambió: confiamos una en la otra.

Volvimos a nuestra ropa y volvimos a nuestras costumbres civilizadas, pero la semilla que esta experiencia plantó permanecerá.

Feliz cumpleaños, Nina. Que continúes creando y compartiendo tu universo con el resto del mundo.

Espero que esta ventana a su realidad te motive a crear la tuya propia y compartirla con otros que están en la misma vibración. Tal vez incluso podamos cambiar el mundo un poco recordando lo que nuestros ancestros intentaron enseñarnos antes de que dejáramos de escuchar.

Y la historia continúa.

Fotos: SOL PICON

 

3 Comments

  1. Increíble experiencia, sería bueno repetirla en diferentes lugares del mundo, yo participaría encantada! Me gusta como escribes! Saludos, besos y abrazos! 🇻🇪

  2. Querida Danié que verdadero y significativo lo que escribis, lo siento porque está contado desde la experiencia y como todo lo que se cuenta desde ese lugar movió mi corazon, mi mirada, me enciende. Me el privileidentificó Tuve con todo lo que contas porque tuve el privilegio de pasar por experiencias de conección con lo ancestral, con la naturaleza y es maravilloso. Y como decís son experiencias que plantan semillas en nosotros, yo las guardo como tesoros. Gracias por compartir. El retorno a la tribu es vital. Abrazo

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