The vocabulary of face-masks

Yesterday I went to the post-office. I hadn’t been ‘out’ in a while. Everyone was wearing face-masks. I made eye contact and smiled at several people like I always do, but obviously they couldn’t tell I was smiling and gave me cold stares in return. It reminded me of the isolation I felt when I lived in Stockholm where only kids would smile back at me. Took me a while to get used to smiles here in Miami, where people have a latin touch and love smiling making you feel part of the city in a beautiful way. The reality is that even through the faintest of gestures we fill important places in each other’s life. 

When I was in Japan a couple of months ago people walked in silent herds in perfect order and not looking at each other. Most of them were wearing masks. What for me was truly intriguing, has turned into our reality, and I almost regret having wondered how it felt, because now I understand.

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As important as it is, the face-mask deprives us of the most basic gesture, the one that says ‘I see you’, making us feel isolated. This feeling reminded me of Ugo Rondinone’s installation at the Bass Museum ‘Vocabulary of Solitude’, pictured here. The reason why clowns make people uncomfortable is because their makeup makes it hard to read their face.

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Vocabulary of solitude is a portrait of a single person’s day represented in 45 acts. They are individually titled in the present tense: be. breathe. sleep. dream. wake. rise. sit. hear. look. think. stand. walk. pee. shower. dress. drink. read. laugh. cook. smell. taste. eat. clean. write. daydream. remember. cry. nap. touch. feel. moan. enjoy. float. love. hope. wish. sing. dance. fall. curse. yawn. undress. lie. Each passive clown is a stand-in for one of these actions. Together they form an endless 24-hour loop.

This is our life right now, with some variants:  for me less touching, less enjoying, more home-schooling and less dancing.

Real education comes in unexpected places and for now the imaginary memory of what daily interactions were in the past, must suffice. 

Robert Fulgham in a very special book titled ‘All I really need to know I learned in kindergarten’  says that “no matter what you do, anywhere from 30 to 60 percent of what gets wrong with you heals itself if you just give it time and think good thoughts. It’s kind of like staying amused while your body does it’s thing. See, doctors can really do something with only about 15% of what ails you.  your body tells the rest. Or else you die.”

So that’s what’s left. Let’s think good thoughts and do what we can to stay positive. As for me, I will continue to smile at strangers under my half covered face, and perhaps one day someone will notice the happy stare in my eyes and smile back.

And the journey continues.

El vocabulario de los cubre-bocas

Ayer fui a la oficina de correos. No había estado “fuera” en mucho tiempo. Todos llevaban cubre-bocas. Hice contacto visual y sonreí a varias personas como siempre, pero obviamente no podían ver que estaba sonriendo y me devolvieron miradas frías. Me recordó el aislamiento que sentía cuando vivía en Estocolmo, donde sólo los niños me sonreían. Tanto así, que me tomó tiempo acostumbrarme a las sonrisas aquí en Miami, donde las personas tienen un toque latino y aman sonreír haciéndote sentir parte de la ciudad de una manera hermosa. La realidad es que incluso a través de los gestos más sencillos, llenamos lugares importantes en la vida del otro.

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Cuando estuve en Japón hace un par de meses, la gente caminaba en manadas silenciosas en perfecto orden y sin mirarse. La mayoría de ellos llevaban máscaras. Lo que tanto me intrigó es nuestra realidad, y casi lamento haberme preguntado cómo se sentía, porque ahora entiendo.

Tan importante como es, el cubre-boca nos priva del gesto más básico, el que dice “te veo”, haciéndonos sentir aislados. Este sentimiento me recordó la instalación de Ugo Rondinone en el Bass Museum ‘Vocabulary of Solitude’, que se muestra aquí. La razón por la cual los payasos nos incomodan es porque su maquillaje dificulta la lectura de su cara.

El vocabulario de la soledad, es un retrato del día de una sola persona representado en 45 actos. Se titulan individualmente en tiempo presente: ser. respirar. dormir. soñar. despertar. subir. sentar. oír. mirar. pensar. estar. caminar. pipí. ducha. vestir. beber. leer. risa. cocinar. oler. gusto. comer. limpiar. escribir. sonar. recordar. llorar. siesta. tocar. sentir. gemir. disfrutar. flotar. amar. esperanza. desear. cantar. bailar. caer. bostezar. desnudarse. mentir. Cada payaso pasivo es un sustituto de una de estas acciones. Juntos forman un ciclo sin fin de 24 horas.

Esta es nuestra vida en este momento, con algunas variantes: para mí, menos tocar, menos disfrutar, más educación en el hogar y menos bailar.

La educación real llega en lugares inesperados y por ahora debe ser suficiente el recuerdo imaginario de lo que fueron las interacciones diarias de antes.

Robert Fulgham en un libro muy especial titulado ‘All I really need to know I learned in kindergarten’ dice en referencia a la salud que “entre el 30 y el 60 por ciento de lo que te pasa se cura solo si le das tiempo y piensas positivo. Es como estar divertido mientras tu cuerpo trabaja. Mira, los médicos realmente pueden hacer algo con solo alrededor del 15% de lo que te enferma. Tu cuerpo, regido por la mente decide el resto. O mueres “.

Entonces eso es lo que queda. Hagamos pensemos buenos pensamientos y hagamos lo que podamos para mantenernos positivos.

En cuanto a mí, seguiré sonriendo a los extraños bajo mi rostro medio cubierto, y tal vez algún día alguien notará mi mirada feliz y me devolverá la sonrisa.

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Y el viaje continúa.

Fotos: Celia D. Luna/ Bass Museum

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