Saint Rémy de Provence: Joan of Arc

I already told you about my meeting with Van Gogh in Saint Remy de Provence, but now I want to tell you about French churches, and Joan of Arc.

Saint Remy de Provence is one of the oldest towns in France. The medieval style of construction with irregular walls are proof of this. I arrive to the Eglise Cathollique Collegial Saint Martin, an ancient church where the first thing that stands out is the Virgin of Fatima, on a very large pedestal of porous stones. The domes in the roof are a beautiful shade of blue worn by time, giving a feeling of impermanence. They are a reminder that our existence is limited.

Suddenly I found a figure of Joan of Arc in front of the names and surnames of those who died for France in this town. This is something that exists throughout French territory as a reminder of those painful days. The repetition of surnames reveals entire families who lost their men in the war. It makes me think of how when the military draft began, emotion reigned in the villages: finally a way to get out and excel.

Even boys as young as 16-years old, lied about their age not to miss out on the opportunity to fight for their homeland: to experience the world of adults. Of weapons. They ran away from home to take part on it; many of them were children who barely had grown a beard. The emotion did not last long. It ended as soon as they experienced the trenches.

World War II was different. By then, the harsh reality of the First World War was known. Cities and towns were left without men and women were left without families. And in this particular church, there is a special contrast between those names and the statuette of Joan of Arc, martyr of history who had visions that cannot be explained, and yet saved France when everything seemed lost in the war against the English.

Joan of Arc is one of those characters that make us believe that there is a metaphysical world that we know very little about, and that makes us think about the presence of celestial forces. It’s interesting that such power, or knowledge does not mix well with the real world. We do not understand it. And like everything we do not understand, we eliminate it.

To explain her visions, historians have spoken about epilepsy, migraines, and unpasteurized milk. All this to remove any vestige of her visions, which were heard only because there was no more hope.

We destroy everything we do not understand. They burned her. It is said that not once, but three times, by the same institution that canonized her, and now venerates her.

Hence, it is a national symbol that has accompanied French soldiers since World War II, after being canonized in 1920.

So much faith has been given to the church. How much damage has been done in the name of God through his authoritarianism.

I spent many years wanting to believe in the Church. Today I am a fervent believer in God, but my God is not like the one the church told me about. Incredible to think that by simply saying something like this, not that long ago I would have gone through the same fate that Joan of Arc did But let’s go back to the tour.

We left the church, and walked through the town enjoying the small shops between design clothes and art. The old labels catch my attention: those that announce what is no longer there, but remain as witnesses to what was. It is also worth going through the Roman ruins as a reminder that there are still many stories to explore.

And the journey continues.

Las iglesias de Francia y Juana de Arco

Ya les platiqué de mi encuentro con Van Gogh en Saint Remy de Provence, pero ahora quiero platicarles del pueblito.

Saint Remy de Provence es uno de los pueblos más antiguos de Francia. El estilo medieval de construcción con paredes irregulares lo demuestran. Empezamos por la Eglise Cathollique Collegial Saint Martin , una iglesia antiquísima en donde lo primero que resalta es la Virgen de Fàtima, en un pedestal muy grande de piedras porosas. Las cúpulas del techo son de un azul hermoso y están desgastadas por el tiempo, dando un sentimiento de impermanencia. Te recuerdan que su existencia está limitada, igual que la nuestra, y a mi me dio un sentimiento de agradecimiento por tener la oportunidad de estar ahí para presenciarlo, como otras personas del pasado, entre ellos Nostradamus quién nació a pocas casas de allí.

De pronto me encontré con una figura de Juana de Arco frente a los nombres y apellidos de aquellos que murieron por la patria en Francia, algo que existe en todo el territorio francés como recordatorio del dolor de aquellos años. La repetición de apellidos deja al descubierto familias enteras que perdieron a sus hombres en la guerra. Me hace pensar en lo curioso del drafting inicial cuando el país comenzó a pedir a los jóvenes que se enlistaran. Reinaba la emoción en los pueblos: finalmente una manera de salir y sobresalir. Los jóvenes de 16 años mentían acerca de su edad al no querer perder la oportunidad de luchar por su patria. De experimentar el mundo de las armas. Se escapaban de sus casas para hacerlo; niños que apenas y tenían barba. Poco tiempo les duró la emoción; una vez que se encontraban a sí mismos en las trincheras.

Otra cosa fue la Segunda Guerra Mundial, cuando la cruda realidad de la Primera se conocía. Cuando los pueblos se quedaron sin hombres y las mujeres sin familia. Y hay un contraste especial con la estatuilla de Juana de Arco, mártir de la historia también con poderes que no podemos explicar que le dieron las visiones que salvaron a Francia cuando todo parecía perdido en la lucha contra los ingleses.

Juana de Arco es de esos personajes que nos hacen creer que existe un mundo metafísico del que muy poco conocemos, y que nos hace sentir la presencia de lo celestial en la tierra. Curioso que ese poder de igual manera no se mezcla bien con el mundo terrenal. No lo comprendemos. Y como todo lo que no comprendemos, lo eliminamos.

Para explicar sus visiones, se habló de epilepsia, se hablo de migrañas, y se habló de que tomaba leche que no estaba pasteurizada. Todo esto para eliminar cualquier vestigio del poder de sus visiones que fueron escuchadas solamente porque ya no había más esperanza. Todo lo que no entendemos lo destruimos: la quemaron. Se dice que no una, sino tres veces, por la misma institución que la canonizó y ahora la venera.

De ahí que sea un símbolo nacional que ha acompañado a los soldados franceses desde la Segunda Guerra Mundial, después de haber sido canonizada en 1920.

Cuanta fe se instauró en la iglesia. Cuanta daño han hecho en el nombre de Dios atraves de su autoritarismo.

Yo pasé muchos años queriendo creer en ella. En la iglesia. Hoy por hoy soy creyente ferviente en Dios, pero mi Dios no se parece aquel del que la iglesia me habló. Increíble pensar que por simplemente decir algo así, hubiera vivido la misma suerte que Juana de Arco hace menos de lo que nos imaginamos. Pero volvamos al recorrido.

Salimos de la iglesia, y caminamos por el pueblo disfrutando de las pequeñas tiendas entre diseño ropa y arte. Los rótulos antiguos llaman mi atención: aquellos que anuncian lo que ya no está, pero que quedan como testigos de lo que estuvo. También vale la pena recorrer las ruinas Romanas como recordatorio que hay aún muchas historias por explorar.

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